Más ganas de ti que la calle

¿Quién pensaría hace unas semanas que se nos prohibiría no sólo el salir a la calle sino cualquier contacto físico con otro ser humano? Resulta irónico darte cuenta que, sin ninguna duda, que este confinamiento te haya pillado acompañado equivale a tener un balcón emocional que muchos envidiarán más que la terraza del ático del vecino. 

Por eso según pasan los días lo que a mí más me inquieta y me asusta de esta llamada “nueva normalidad” que nos anuncian a cada momento, es el distanciamiento físico, porque no nos engañemos, eso es lo que es y no el mal llamado “distanciamiento social”. Ya que socialmente sigues manteniendo el contacto gracias a las nuevas tecnologías, pero no hay pantalla, ni aplicación que pueda simular el tacto de otros labios en los tuyos o el calor de la cercanía.

Y es que se puede atisbar la calle en esos breves instantes en los que sales a comprar, o incluso bajas la basura, puedes tratar de pasear a tu perro tres veces cada día recreándote en tus pasos; pero la falta de compañía, la falta de piel no tiene ningún sustitutivo. Y es que la soledad, cuando es impuesta, acaba calando hasta los huesos y se hace difícil mantener la esperanza si no sientes caricias que te erizan la piel, nadie te abraza enredando sus brazos en tu espalda o nadie se acurruca junto a ti mientras duermes.

Imagino que por eso esta frase del título, que en un principio ha llegado a mis manos en forma de chiste, toma dimensión de realidad cuando me doy cuenta de que pasarán meses antes de que nos sintamos completamente seguros al acercarnos a alguien. Meses de mantener distancias físicas pero también emocionales. Meses en los que tendremos que ponernos a prueba y afrontar la prueba de confianza extrema que va a suponer el juntar tus manos con las de otra persona, sí, sólo eso; así que para qué hablar siquiera de lo que supondrá besar o tener sexo con alguien.

Y es que al final esta pandemia se ha llevado muchas cosas que no van a poder recuperarse y eso me aterra. Sólo espero que el tacto no sea una de ellas. Porque si me preguntan diré que sí, te quiero en la calle; que sí, te quiero sano; pero también y sin ningún tipo de duda, te quiero cerca.

Ruth de Pozo